¿Y qué esperaban?

Que difícil debe ser organizar a todo un país para enfrentar algo que en nuestra mente no podemos materializar, si bien hemos visto como otros huracanes han embestido a otras naciones, sentirlo en carne propia parecía distante.

Aún así, el Poder Ejecutivo, en conjunto con las autoridades competentes, asumieron el reto y nos dieron una lección de que cuando las cosas se hacen bien, con coordinación y responsabilidad la tarea se saca adelante.

Desde principios de la semana se dio la alerta: se nos viene un huracán y nos pega directamente, es peligroso, tenemos que estar preparados.

Radio, prensa escrita, televisión, redes sociales, todas fueron herramientas para alertar a la población, nos indicaban qué zonas podrían ser las más afectadas, cuales estaban en alerta amarilla y cuales en alerta roja.”Si usted vive en zonas de riesgo, cerca de ríos, quebradas, montañas que puedan presentar  deslizamientos de tierra, evacue, busque un lugar donde su vida y la de los suyos no corra peligro”, ese mensaje era constante.

Que dieran asueto a los trabajadores públicos hasta en el Valle Central tiene toda la lógica del mundo, algunos lo ven como vagancia otros lo vemos como estrategia. Primero, en un momento de la preparación para enfrentar el inminente desastre , no se sabía, a ciencia cierta, cuál iba a ser el recorrido y el impacto del huracán en cada zona del país, porque así es la naturaleza y estamos y estaremos a merced de ella. Segundo, está bien, pasadas las horas, después del decreto de asueto, era claro que el GAM no iba a sufrir mayores consecuencias, pero con una gran parte de la población civil en sus casas, habían más calles despejadas, menos probabilidad de accidentes en carreteras o situaciones que ameritaran la asistencia policial, de bomberos o socorristas, un recurso que en otras zonas del país podría requerirse para dar soporte ante una emergencia.

Si bien desde los altos mandos de este país se hizo lo humanamente posible por evacuar, enviar brigadas de ayuda, montar albergues, etc., debemos recordar que cada cantón tiene su propio gobierno, para eso son las municipalidades, dirigidas por un alcalde que se supone debe estar al tanto de las zonas que corren más peligro, porque señores en este país no hace falta un huracán para que se desborde un río o se caiga un árbol. Es por eso, que si siempre pasan este tipo de cosas en la época de lluvia,  con un evento como el que se estaba esperando que impactara el país se le diera más seguimiento a las advertencias que se venían haciendo.

Otto vino y pegó con fuerza, hay pueblos completamente devastados, hay muerte, personas desaparecidas, gente que lo perdió todo, es muy doloroso, y nos lo advirtieron, era un huracán y no era jugando. Ahora entendemos que nunca hay exceso de prevención, no podemos criticar medidas que pretenden salvaguardar la vida, tampoco podemos tomar esas medidas a la ligera.

Tal vez, hace unos días, no sabíamos que era vivir un huracán con impacto directo en el país, pero si algo siempre hemos sabido los ticos es ser solidarios, es darle la mano al hermano que lo necesita. Done, no estorbe, no critique si con sus palabras nada bueno va a aportar, ayude, consuele, sea una voz de esperanza, seamos ese país chiquitico con el corazón inmenso que siempre ha sabido salir adelante.

 

 

En el Día Internacional de la Mujer, yo celebro a mi papá

Hace un par de días se conmemoró el Día Internacional de la Mujer. Para algunos no hay nada que celebrar porque estamos muy lejos de un mundo igualitario. Para otros, es más que felicitar a las mujeres, es recordar las luchas que se han gestado con el fin de hacer valer los derechos de las féminas a través de los años.

Yo celebro en el Día Internacional de la Mujer a un hombre, a mi papá.

Mi papá se casó por la iglesia, aún cuando es evidente su ateísmo. Creo que lo hizo porque mi mamá es católica y para ella era importante, para algunos puede ser hipocresía, para mi es una muestra inmensa de amor hacia la mujer con la que decidió formar una familia.

En casa mi mamá salió a  trabajar a una empresa en la que creció profesionalmente, no se tuvo que preocupar por dejar desatendidas a sus tres hijas, porque ahí estaba su compañero para echarle la mano y dejarla volar. Ella es una mujer maravillosa que nos ha enseñado que en la vida todo sacrificio tiene su recompensa.

Mi papá también es un gran profesional, pero lo hizo de forma independiente, así le dio chance de cuidarnos, de cocinarnos y hacernos los mejores sandwich para llevar de merienda, de estar ahí cuando llegábamos de la escuela. Papi nos enseñó a andar en bici, a nadar, a jugar fútbol, a intentar jugar basket, a ver carreras de motocross, porque para él el deporte no es cuestión de género sino de actitud.

Mi papá me enseñó a defenderme. Un mocoso de la escuela me pasaba molestando y golpeando, alguna gente me decía: “ay es que seguro le gustás”, pero para mi papá el niño era un completo “chuchinga”, a mis siete años y con un rodillazo en la entrepierna me encargué de que dejara de molestarme. Ahora uso las palabras y alzo mi voz si me siento atacada, eso también me lo enseñaron en la casa.

Papi se pone celoso de los novios de sus hijas, y lo demuestra con cara de serio y un cortante: ¿Qué tal? Pero él nunca se metió en ninguna de nuestras relaciones, por más mal que le cayera el yerno, nos dejó ser libres, eso sí, siempre ha estado ahí cada vez que nos han roto el corazón, para decir, a su manera, que todo va a estar bien y que no vale la pena llorar.

Mi papá me llevó y me trajo de casi todas las fiestas del cole a las que fui. Estoy segura que cuando me recogía se daba cuenta de que mínimo me había tomado un par de cervezas, aunque según yo lo disimulaba con un chicle, pero nunca me dijo nada, al fin y al cabo, íbamos de regreso a la casa juntos y todo estaba bien.

Estoy segura que papi habría actuado exactamente igual si sus hijas hubiesen sido hombres. Él es un ser justo, recto, bondadoso; también es chichoso, majadero y testarudo. Por eso papito, con todo lo bueno y lo malo, te celebro en el Día Internacional de la Mujer, porque siempre has visto en mi, en mi mamá, mis hermanas, en tus nietas, tu mamá, tu hermana, tus tías, cuñadas, sobrinas y amigas, seres humanos que deben ser libres, amados, valorados, que tienen voz y voto, que son capaces y merecen respeto.

 

 

 

 

 

 

No, nos gusta la “sopa de muñeca”

Hace unos días, Canal 7 tuvo una gran iniciativa que llamaron: El tercer marcador. Esta propuesta presentaba en tiempo real información sobre cada caso de violencia doméstica reportada al 9-1-1 durante los partidos de la Sele.

Lamentablemente ese fue el marcador más abultado en los dos partidos donde se incluyó el dato. El primer juego terminó con 31 personas llamando a la línea de emergencia a reportar casos de violencia doméstica y el segundo partido con 23. Mientras muchos celebramos triunfos otros (mujeres y niños) están siendo agredidos tanto física como emocionalmente, y lo más triste es que es por personas que se supone deberían estar ahí para amarlos.

Después de los partidos, me puse a leer comentarios en Redes Sociales sobre esta situación. Me sorprendió muchísimo la apatía, la ignorancia y el desinterés, tanto de hombres como de mujeres, quienes se atrevían a escribir cosas como: “En vez de estar llamando para quejarse por qué no jalan de la choza” o “Lo que les gusta es la sopa de muñeca”.

¿Por qué seremos tan imbéciles para opinar?

Cuando tenía como 19 años terminé con un novio con el que mantuve una relación de poco más de un año. Como tres días después de que cortamos, él me llamó para decirme que necesitaba hablar conmigo, le dije que estaba bien y me fui para su casa.

Terminamos discutiendo bastante feo, en el momento que intenté irme, después de decirle que no lo quería ver más y que me tenía harta, el mae se me fue encima y me dio un golpe en la cara. Cuando logré reaccionar, porque prácticamente me tiró al suelo, me levanté y a como pude salí corriendo de ahí.

¿Saben que sentí? Vergüenza, no cólera, vergüenza, tanto que no tuve el valor de contarle a nadie lo que me había pasado. Primero, porque me daba pena llegar a decirle a mis papás que había ido a la casa de mi ex y que me había golpeado y segundo, porque mi tata probablemente va y lo mata. Me daba tanta vergüenza contarle a cualquier persona que me habían maltratado de esa manera.

Hoy, a mis casi 35 años, son pocas las personas a las que les he contado esto. Ahora entiendo que está mal quedarse callada por temor al que dirán, por miedo a lo que la otra persona me pueda hacer, o por evitarle un problema al agresor.

En mi caso, es la única que vez que un hombre me ha pegado, una persona que yo en algún momento amé o bueno lo que sea que uno siente cuando tiene 19 años.

Lo que quiero decir es que las agresiones en contra de las mujeres pasan a cualquier edad, en cualquier tipo de relación, no es que yo venga de una familia adinerada, porque nada que ver, pero mucha gente asocia este problema con la población mas pobre del país, por la falta de educación y eso no es así, casos de maltrato físico y psicológico se dan sin distinción.

De verdad las personas víctimas de este tipo de violencia no evitan denunciar por gusto o porque les encante tener a un cavernícola arriandoles todo el día. Yo no me imagino el infierno en el que viven esas 54 personas que aparecieron en ese marcador, ni todas de mujeres que diariamente son maltratadas por sus parejas, padres, hermanos o quien sea que les haga daño.

Muchas de ellas se quedan viviendo ese suplicio porque definitivamente no tienen a donde ir, porque su autoestima está por el suelo, porque tienen hijos y probablemente entre el miedo y la ignorancia asumen que si denuncian al agresor se van a ver más perjudicadas ellas y sus niños.

No son solo números,  son mujeres, son niños, son personas como vos o como yo. No seamos indiferentes, no seamos cómplices. La violencia duele, nos duele a todos.

 

 

 

 

¿Y si les enseñamos a ponerse un condón?

Ella tenía 13 años, vivía en una zona de esas que llaman de riesgo social.

Ella vivía en una “casa” que consistía en un piso de tierra, unas latas de zinc, con una conexión eléctrica “pirata” y mucha hambre.

Su papá un señor de 45 años que hace trabajos ocasionales en construcción, su mamá tiene 42 años, a veces plancha ajeno, ninguno de los dos fue a la escuela.

Ella también tiene cuatro hermanos y uno que viene en camino.

Ella no ha terminado la escuela.

Ella conoció a un muchacho, le gustó, y como las hormonas no saben de religión, ni de castidad, ni de métodos anticonceptivos, pues se la llevaron de la mano a una cama.

Ella quedó embarazada, se dio cuenta a los cuatro meses. Su papá se puso histérico, su mamá lloraba. “Vea a ver cómo hace, nosotros no podemos mantener una boca más”.

Ella está desesperada, ella decidió dejar a su hijo recién nacido en un basurero, y corrió y no pensó, solo corrió.

Tal vez esa sea la historia de alguna de esas “madres desnaturalizadas”, tal vez no.

Y no me malinterpreten yo no pretendo justificar un acto tan desalmado. Yo sólo me pregunto ¿Y si esa gente supiera usar un condón? ¿Si en las escuelas y colegios de una vez por todas enseñaran una educación sexual como debe ser?

Por supuesto que hay que empezar desde nuestras casas, pero ¿Qué pasa cuando en las casas los papás son tan ignorantes en el tema como sus mismos hijos? Procreando como cuilos, porque a ellos tampoco los guiaron. Es por eso que el Estado está en la obligación de actuar, por los niños, por esa gente que pide ayuda porque no tiene como mantener la marimbita de chiquitos que en su desconocimiento aseguran que Dios les mandó.

No podemos seguir pretendiendo ocultar el sexo de la vida de nuestros hijos, porque ahí está, todos los días, a cada instante.

No permiten una educación sexual responsable y certera, pero tampoco permiten abortar, señalan si alguien en acto de desesperación deja a un bebé tirado, se indignan cuando alguien que no está preparado mentalmente para  ser papá lastima a un niño. Creo que si queremos defender a nuestra niñez debemos empezar por educarlos. Entre menos embarazos “no deseados” menos probabilidades hay de que exista tanto dolor, de que se inunden las noticias de actos abominables, que muchas veces pudieron ser evitados con el uso adecuado de un método anticonceptivo.

Yo quiero, es más, yo exijo que a la niñez costarricense se le de una educación sexual con pelos y señales, porque estoy harta de tanto dolor, porque los niños tienen derecho, porque, como decía un anuncio hace muchos años, hay que tener los niños que podamos hacer felices.

Dicen que no hay muerto malo

Hoy entró un mensaje a mi celular:

-Se murió el tío Fabio-

Y mis ojos ni se inmutaron ¿Qué raro? Mi corazón siente una especie de pesar, pero no llego a las lágirmas.

Mi tío Fabio era el mayor de los hermanos por parte de la familia de mi mamá. Era un señor muy particular. Recuerdo haber ido a su boda. No sé cuántos años tenía pero fue en mi época de escuela. Se casó con una señora que tenía una hija. Eso hablaba bien del tío Fabio, creo. Hay muchos hombres que a las mamás solteras le hacen la cruz.

Se murió el tío Fabio. Y de verdad quisiera sentir algo más.

En las reuniones familiares, a las que por lo general él no asistía, era frecuente el comentario: “Ya estás como Fabio” cuando alguien salía con algún comentario fuera de lugar. ¡Ay tío Fabio! ¿Será que alguna vez te importó lo que pensáramos de vos? Creo que no, espero que no.

Se casó, se peleó, se separó. Es que nadie le tenía paciencia, ni las voces en su cabeza. ¿Incomprendido? No eso no. Él era majadero, claro, es que todos tenemos nuestras “cosas”.

Se murió el tío Fabio. Yo sigo pensando que nadie lo debe estar llorando desconsoladamente. Pero, ¿Quién soy yo para pensar eso? Nunca supe mucho de él. Y se me viene a la cabeza Mary. Ella quien me cuido cuando yo era una güila en pañalaes. Ella que cuido al tío Fabio en una época que vivió en San Carlos. La llamo:

-Diay Mary, ¿Cómo estás?

-Hola mi chiquita, ¿Cómo me le ha ido?

-Bien Mary. Tengo algo que contarte pero es un poco triste (¿un poco triste?)

Un silencio

-Ay no Fabio

-Si Mary, se murió el tío Fabio.

-¡Ay no puede ser!- Se le quiebra la voz y me dice que después hablamos.

Se murió el Tío Fabio, alguien lo está llorando sinceramente, a alguien le duele mucho.

Mary ¿Que habrás visto en él que yo no vi?

¿Qué habrán visto los cuñados de mi tío que le tenían más paciencia que sus propios hermanos?

No sé cómo fue tu vida. Sé que caminabas despacio, que contabas chistes muy malos, que eras un acumulador de chunches, que decías cosas que a la gente le incomodaban. Se que querías atención aunque a veces la presencia de la gente te hiciera sentir incómodo, creo que me parezco mucho a vos. De verdad espero que estés en un lugar donde seas muy feliz.

Se murió el tío Fabio.

La final que yo vi

Soy Saprissista, soy de esas que amanecen más felices cuando su equipo gana. Soy de las que se pone nerviosa cuando su equipo tiene un partido importante. Soy de las que se molestan cuando su equipo pierde, es decir, soy una aficionada.

Si bien en esta final mi equipo no hizo los méritos suficientes para ser parte de los invitados de honor, si tengo derecho a opinar, tengo derecho a entusiarme,  si hubiese querido le podía ir a cualquiera de los dos, porque el fútbol es de todos.

Acaso en los campeonatos mundiales cuando la Sele termina su participación no seguimos apoyando a otras selecciones, aunque por nuestra sangre no corra ni un octavo de descendencia Alemana, por ejemplo.

Así que yo, como siempre, aunque nadie me pida la opinión, quiero comentar lo que vi en esta final, no como experta conocedora del fútbol, porque estoy muy lejos de serlo, pero si como alguien que se sentó al lado de un Manudo, los dos partidos,  a disfrutar del “espectaculo”.

1. Un golcillo madrugador que pretendía mucho pero logró poco.

2. Un Elías Aguilar que se las trae, y que ojalá Chope se acuerde que lo llamó a la Sele.

3. Un Rosabal Cordero que se llenó, pero que deberían reforzar un poquito en seguridad. Eso de que haya un acceso tan fácil de la afición a la cancha me parece un toque peligroso. Y aunque en todos los estadios la gente siempre termina “invadiendo”, una mallita le da unos segundos de chance para huir a los derrotados.

4. Que humildad la de don Odir y que clase de fantoche ese Oscar Esteban Granados.

5. ¿Qué putas con la manera de “pegar” a los patrocinadores de Heredia en el uniforme? Tiene más técnica mi hija de cuatro años cuando pega “stickers” en la pared.

6. ¿Qué fueron aquellos penales? Para mi una falta de respeto para las dos aficiones. Si usted no tiene esa magia para hacer tiros de fantasía,  mejor métale un puntazo a la bola con toda el alma, tal vez no se vea tan bonito,  pero creo que tiene más probabilidades de anotar.

7. Ariel Rodríguez ya entendimos que lo suyo no son los penales. Pecadito, solo le faltó cerrar los ojos cuando pateó.

8. Óscar Ramírez usted es un señor técnico, porque de verdad ha hecho de tripas corazón. Perooooo yo que vi los toros desde la barrera le puedo decir que robo no hubo.

9. Que capacidad la del tico, medio segundo después de que terminó el partido ya habían como 20 memes relacionados con la mejenga.

10. Siempre es divertido oír a Cristian Lagos.

11. La tarima de premiación era un atentado contra la vida de las personas que subían,  muy valiente la muchacha que tenían sosteniendo ese trofeo, en minifalda, tacones y a la orilla del abismo.

En fin, una final muy tica, muy divertida. Felicidades Heredianos, demostraron que el fútbol se gana hablando en presente.  Mejor suerte para la próxima Manudos, nosotros sufrimos bastante para llegar a la copa número 30, así que no se agüeven.

Ya casi viene la Copa Oro y la boda de Keylor Navas, que más puede pedir la afición del fútbol más corrongo del mundo.

Negrita mía, yo si quiero que leás Cocorí

Querida Sofi:

Se que has notado que entre toda la familia, vos sos la de la piel más oscura, la del pelito más rizado, en fin, la que tiene más “tumbao”.

Llegaste a nuestra familia a darle un respiro de aire fresco, a darnos lecciones de amor, a llenar de alegría la vida de la gente que te conoce.

Como la tía que te adora quiero ser sincera, en algún momento de la vida, si es que no te ha pasado ya, vas a toparte con personas muy crueles que te tratarán mal por tu color de tez, por tus raíces afrocaribeñas.

En estos momentos te podrá parecer tonto, o tal vez te sintás mal, pero tranquila, tenés que estar segura que vos sos más que esas palabras de desprecio.

Ahora que entraste a primer grado, que empezás a leer y escribir tus primeras oraciones, comienza para vos una de las mejores costumbres que podés adoptar para el resto de la vida: el amor por la lectura.

Tanto en la escuela como en el cole te pondrán a leer un montón de libros, unos más buenos que otros. Entre ellos, tal vez, uno que se llama Cocorí.

Para algunas personas este libro es racista, ridiculiza y desprecia a las personas afrodescendientes, y puede que si, pero te digo honestamente: yo si quiero que leás Cocorí,  y quiero que leás un millón de libros más.

Quiero que seas una persona con criterio propio, que si algo no le gusta lo manifieste, que si algo no lo entiende lo pregunte, que no juzge, y si lo hace que tenga en sus manos todas las bases para justificar su señalamiento. Que pueda llegar a conocer muchas aristas de un tema, o por lo menos más de una. Que si no comparte alguna manera de pensar sea respetuosa pero nunca servil. Quiero que tu mente sea tan grande como tu corazón.

Nunca te hagás la víctima por tus circunstancias, que lo que te lastime, no te tire y más bien  te haga más fuerte. Que no quieras cerrar bocas o censurar a otras personas para poder imponerte.

Sos mujer, sos negra, sos hija de madre soltera, existen muchas cosas por las que te podrían señalar y querer hacerte sentir inferior, pero ninguna es nada por lo cual ofenderse. No te dejés, luchá, instruíte,  de verdad, te aseguro que leer es un gran instrumento para sobresalir, sé más inteligente que quien te quiera lastimar. Al fin y al cabo el valor de las personas se mide por el tamaño de su corazón  y el tuyo es inmenso mi amor.

Te amo
Tía Me

La semana en la que ayunamos fe

Recuerdo las Semanas Santas de mi niñez, transitaban entre peregrinaciones, atunes y películas llenas de santos, romanos y egipcios. Las calles parecían parte de pueblos fantasmas, los locales comerciales cerrados así como los restaurantes, parecía que la gente sólo salía de sus casas en el momento de las misas y las procesiones. Hoy 25 años más tarde nada me parece más laico que una Semana Santa en Costa Rica.

La Cuaresma es un tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia y se lleva a cabo con la práctica del ayuno y la abstinencia, pero según datos de la Caja Costarricense del Seguro Social, en Costa Rica la Semana Mayor es una de las semanas donde más gente asiste a los centros médicos a causa de intoxicación o malestares estomacales debido al exceso de comida y licor que consumen en estos días de “reflexión”. Se multiplican los panes, los pescados, la sardina en lata, la empanada de chiverre, el arroz con leche, el “tapis” y del ayuno “si te vi ni me acuerdo”.

La vida transcurre prácticamente con normalidad, no hay lugares cerrados, sólo horarios especiales. A los que les toca trabajar en estos días puede ser que les incomode la situación, y no precisamente porque se pierdan la oportunidad de ser Caballeros del Santo Sepulcro, sino porque no podrán disfrutar de las “vacaciones” como los demás mortales. La “Ley Seca” parece que pasó a la historia, por lo menos en 51 de los 81 cantones del país, claro me parece lo más sensato, ya que las cantidades de “guaro” que las personas compraban en vísperas de que la municipalidad llegara a sellar, bares, cantinas y neveras eran de dimensiones épicas, por lo que el cometido venía siendo en vano.

Las calles en el Valle Central siguen luciendo vacías pero es debido al éxodo de fieles al sol, la arena y la playa. Para los abuelos meterse al mar en Viernes Santo era condenarse a convertirse en pez, ahora puede parecer bastante absurdo pensar en un castigo divino por divertirse “sanamente”, lo que no es irreal son las 25 muertes por accidentes de tránsito y ahogados que se contabilizaban a partir del Domingo de Ramos hasta el Sábado Santo.

El problema no es hacer una carne asada el Viernes Santo o ver la Última Tentación de Cristo en vez de ser parte de las actividades organizadas por la Iglesia, para mí el problema es que nos “agarremos” de la Pasión de Cristo con el pretexto de unas “merecidas vacaciones”.

Antes de Grey estaba Fabio

¡Indignada! Si, indignada, esa es mi sensación en estos momentos.

Hoy, como de costumbre, dediqué un rato de mi mañana a leer algunos periódicos. En una sección de entretenimiento venía un “especial” sobre este librito “Las 50 sombras de Grey”.

Reseñas, datos curiosos y cuanta cosa pudieron exprimir del dichoso texto. Entre tanta cosa aparece una nota relacionada con un “club de fans” que según se indica “comparten el deseo de tener un Christian Grey”.

El título de esta oda a la estupidez: “Nos hace creer que las mujeres podemos tener una relación con alguien superior”. ¿Alguien superior? Qué triste, qué molesto, qué patético.

Esto es una bofetada a todas esas mujeres que han luchado por un mundo donde prive la igualdad. ¿Cómo es posible que a estas alturas, sigan habiendo mujeres que sueñan con un millonario que las lleve a cenar a Roma, ahora con el plus de que también le gusta samparles nalgadas?

No tengo ningún problema con disfrutar de la sexualidad, en fantasear por medio de películas o libros eróticos, pero de eso, a idealizar a un cabrón me parece una insensatez.

Desde Marimar hasta Rosa Salvaje nos han recetado el cuentico de la mujer virginal que logra, no sólo enamorar, sino “corregir” al chico malo. Lo “novedoso” es que en el libro en cuestión nos cuentan la historia mencionando palabras como sadomasoquismo,  sexo, pechos, gemidos y demás.

Siempre he pensado que la lectura nos hace críticos,  interesantes,  buenos conversadores sobre muchos temas desde muchas perspectivas. De verdad la gente debería leer más.

A mi no me ofende el sexo explícito en las páginas de un libro, lo que me ofende, y mucho, es que existan mujeres que después de leer uno lo que sigan anhelando sea una relación con “un ser superior”.

Lo que mi hija me enseñó

De las mejores cosas que me han pasado en la vida está mi hija. Esa personita que me encanta y sorprende todos los días. Se podría suponer que en nuestra relación, por ser ella la que menos camino lleva en este mundo, soy yo la encargada de enseñarle la mayoría de las cosas. En mi debería estar la guía, las palabras sabias y el consuelo en el momento indicado, pero la verdad es que he aprendido más yo que ella.

Caminar, comer, hablar y todas esas cosas que usted y yo hacemos no se las enseña uno, ellos ya lo traen solo que hay que estimularlo, así que no nos engañemos, que camine al año o diga papá y mamá , o el nombre mal pronunciado de su hermanito mayor antes de poder mantenerse de pie, no se lo enseñó usted.

En mi caso con Jime he aprendido tantas cosas. Ella ha sido mi mentora para entender un mundo que cada vez está más loco, que es apresurado y muchas veces odioso e incluso cruel.

“Ya es de día mamá hay que jugar”, aunque mi cuerpo desearía estar en la cama hasta las once de la mañana. Jime tiene razón, si el sol ya salió hay que aprovechar el día, pero así, jugando, porque para ella jugar es vivir, es sentarnos juntas a desayunar, es bañarse mientras baila bajo la ducha, es perseguir a la gata de la casa, es tomarse un juguito de “vuva” mientras garabatea en una hojita que se encontró (recibo de la luz). Vivir es ser feliz.

Saludar a los que uno quiere como si tuvieras años de no verlos, aunque los hayas visto la noche anterior. Jime cada vez que ve a sus abuelitos, tíos, primos y amigos, corre, grita el nombre de la persona, lo abraza y se lo “apreta”. Amar no es decirlo es demostrarlo.

“Ya no quiero jugar contigo nunca más”, esa es una de sus tantas frases de sentencia cuando se molesta con alguien, pero esa ira desmedida tiene una fecha de caducidad casi instantanea. Ella volverá a jugar con vos, volverá a reír, te volverá a abrazar y en su cabecita ya no habrá motivos para desconfiar o sentir rencor. Perdonar es olvidar.

Que se rompa uno de sus juguetes, o que la prima se tenga que ir y ya no pueda jugar más con ella, significan momentos de angustia y desconsuelo, y el “bueno ya no llore eso no es nada”, es verdaderamente una grosería de nuestra parte. Es tan feo como contarle a alguien que nos chocaron el carro o que nos terminó el novio y esa perona llegue y nos diga “ay ya no llore eso no es nada”. En su momento eso es mucho y lo que necesitamos es consuelo. Sus problemas son tan importantes como los nuestros. Cuando las personas que queremos se sienten mal necesitan una palabra de aliento o por lo menos un abrazo. Jime cuando me ve llorar me abraza, no le interesa saber si lo que me pasa es grave o no, solo busca hacerme sentir bien.

Mi hija me ha enseñado a ser paciente, a que para todo hay tiempo, a encontrar diversión en las cosas más simples, a sorprenderme, a apreciar las cosas que para otros son importantes, como por ejemplo Frozen, la cual he visto más o menos un millón de veces, a quedarme un gran rato viendo un pato en un lago solo por verla feliz. Tal vez usted piense que todas esas cosas no son nuevas, que probablemente ya yo las sabía, y puede que sea cierto, lo que pasa es que las olvidé mientras crecía.